Brian Joseph O’Sullivan

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Kjana-Chuyma, sintiendo que le quedaban pocos instantes de vida, reunió a sus compatriotas y les dijo:

 

- Hijos míos. Voy a morir, pero antes quiero anunciaros lo que el Sol, nuestro dios, ha querido en su bondad concederos por intermedio mío:

 

Subid al cerro próximo. Encontraréis unas plantitas de hojas ovaladas. Cuidadlas, cultivadlas con esmero. Con ellas tendréis alimento y consuelo.

 

En las duras fatigas que os impongan el despotismo de vuestros amos, mascad esas hojas y tendréis nuevas fuerzas para el trabajo.

 

En los desamparados e interminables viajes a que obligue el blanco, mascad esas hojas y el camino os hará breve y pasajero.

 

En el fondo de las minas donde os entierre la inhumana ambición de los que vienen a robar el tesoro de nuestras montañas, cuando os halléis bajo la amenaza de las rocas prontas a desplomarse sobre vosotros, el jugo de esas hojas, os ayudara a soportar esa vida de oscuridad y de terror.

 

En los momentos en que vuestro espíritu melancólico quiera fingir un poco de alegría, esas hojas adormecerán vuestra pena y os darán la ilusión de creeros felices.

 

Cuando queráis escudriñar algo de vuestro destino, un puñado de esas hojas lanzado al viento os dirá el secreto que anheláis conocer.

 

Y cuando el blanco quiera hacer lo mismo y se atreva a utilizar como vosotros esas hojas, le sucederá todo lo contrario. Su jugo, que para vosotros será la fuerza y vida, para vuestros amos será vicio repugnante y degenerado: mientras que para vosotros los indios será un alimento casi espiritual, a ellos les causará la idiotez y la locura.

 

Hijos míos, no olvidéis cuanto os digo. Cultivad esa planta. Es la preciosa herencia que os dejo. Cuidad que no se extinga y conservadla y propagadla entre los vuestros con veneración y amor.

 

Tales cosas les dijo el viejo Kjana-Chuyma dobló su cabeza sobre el pecho y quedó sin vida.

Kjana Chuyma, sensing that few moments of his life remained, gathered his compatriots together and said to them:

 

- My children, I am dying, but beforehand, I want to proclaim to you what the Sun, our god, in his goodness has wished to grant upon you through the medium of me:

 

Climb the next hill. You shall find some oval-leaved seedlings. Tend to them, cultivate them with care. With them you shall have nourishment and comfort.

 

In the severe hardships that the despotism of your masters imposes on you, chew these leaves and you shall have a renewed strength towards your toil.

 

In the forlorn and never-ending travels to which the white man compels you, chew these leaves and it will make the journey brief and fleeting.

 

In the depth of the mines where the inhumane greed of those who come to rob our mountains of treasure entombs you, when you find yourselves under the threat of the rocks ready to tumble down upon you, the juice of those leaves shall help you bear this life of darkness and horror.

 

In the moments when your melancholy spirit wishes to feign a little joy, those leaves shall numb your heartache and give you the illusion of feeling happy.

 

When you wish to inquire into your destiny, a fistful of those leaves thrown to the wind shall tell you the secret you long to learn.

 

And when the white man wishes to do the same and he dares to harness those leaves as you do, entirely the opposite shall befall him. Its juice, which for you shall be strength and life, for your masters shall be a repugnant and degenerating addiction: Whilst for you, the Indians, it shall be an almost spiritual nourishment, to them it shall cause foolishness and insanity.

 

My children, do not forget all that I say to you. Cultivate that plant. It is the precious heritage that I leave you. Take care that it does not die out, and conserve and propagate it amongst your own with veneration and love.

 

The elderly Kjana Chuyma said these things to them, bowed his head  over his chest and passed away.

             The government of Santiago had designated a young official, who had arrived from England via Buenos Aires a month after the battle of Maipú, to command this troop. He was Lieutenant Colonel Carlos Maria O'Carrol of the English Army, who in seven years of campaigns in Spain and the South of France had, at the age at which for others youth begins (twenty six years), attained the Cross of Carlos III in the former, the Flor de Lis in France (15th November 1815) and finally the rank of Lieutenant Colonel in his own country, a rank rarely conceded but to the grey-haired for long-standing services or to money due to the tonality of the military ranks there in the land of aristocratic merchants.

 

             Inveigled by Lord Cochrane, and flattered by the name of O'Higgins, who for the young soldier was a compatriot, he came to Chile late for the campaigns in which glory was swiftly and easily gained. He arrived after Maipú, as Viel and Beauchef had arrived after Chacabuco, for which he could have said that he had seen our sky under dire predictions. However, with an aristocratic name, a graceful and seductive figure and with recommendations from upon high, the young soldier could not have failed to find a most warm reception among us. The Director O'Higgins, keen both by his own liking and on principle, and following the example of his own illustrious father towards foreigners arriving in this remote country, actually received him with distinction and incorporated him into our army at the same rank which he had carried from England.

 

             Commanding Officer O'Carrol was left to freely choose between the Liberation Expedition of Peru, on which Cochrane had invited him, or the army of the South, at that time outshined by the shining glory of the former.

 

Oh, strange mysteries of human life!  Had O'Carrol gone with San Martin to Peru, he would have been like Millar, Brandsen, Brown, O'Connor and many other eminent foreign leaders who earned fame and fortune. But fate, or perhaps a secret of the heart hidden from history, held him on the soil where instead of the home of which he dreamed, he would find an unfortunate death, taken from his horse by the noose of a gaucho, and murdered by the ruling of an obscure warlord, who in killing him was, nonetheless, following the orders of a king.

CAPÍTULO CUATRO

DERECHOS DE LAS NACIONES Y PUEBLOS INDÍGENA ORIGINARIO CAMPESINOS

 

Artículo 30.

 

I. Es nación y pueblo indígena originario campesino toda la colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión, cuya existencia es anterior a la invasión colonial Española.

II. En el marco de la unidad del Estado y de acuerdo con esa Constitución, las naciones y pueblos indígena originario campesinos gozan de los siguientes derechos:

1. A existir libremente.

2. A su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades, practicas y su propia cosmovisión.

3. A que la identidad cultural de cada uno de sus miembros, si así lo desea, se inscriba junto a la ciudadanía boliviana en su cedula de identidad, pasaporte u otros documentos de identificación con validez legal.

4. A la libre determinación y territorialidad.

5. A que sus instituciones sean parte de la estructura general del Estado.

6. A la titulación colectiva de tierras y territorios.

7. A la protección de sus lugares sagrados.

8. A crear y administrar sistemas, medios y redes de comunicación propios.

9. A que sus saberes y conocimientos tradicionales, su medicina tradicional, sus idiomas, sus rituales y sus símbolos y vestimentas sean valorados, respetados y promocionados.

10. A vivir en un medio ambiente sano, con manejo y aprovechamiento adecuado de los ecosistemas.

11. A la propiedad colectiva intelectual de sus saberes, ciencias, y conocimientos, así como a su valoración, uso, promoción y desarrollo.

12. A una educación intracultural y plurilingüe en todo el sistema educativo.

13. Al sistema de salud universal y gratuito que respete su cosmovisión y practicas tradicionales.

14. Al ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión.

15. A ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles. En este marco, se respetará y garantizará el derecho a la consulta previa obligatoria, realizada por el Estado, de bueno buena fe y concertada, respecto a la explotación de los recursos naturales no renovables en el territorio que habitan.

16. A la participación en los beneficios de la explotación de los recursos naturales en sus territorios.

17. A la gestión territorial indígena autónoma, y al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales existentes en su territorio sin perjuicio de los derechos legítimamente adquiridos por terceros.

18. A la participación en los órganos e instituciones del Estado.

 

III.    El Estado garantitza, respeta y protege los derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos consagrados en esta Constitución y la Ley.

 

Artículo 31.

I.                   El Estado garantiza, respeta y protege los derechos de las naciones y pueblos indígena originarios en peligro de extinción, en situación de aislamientos voluntarios y no contactados, serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.

II.                Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan el derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.

 

Artículo 32.

 

            El pueblo afroboliviano goza, en todo lo que corresponda, de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales reconocidos en la Constitución para las naciones y pueblos indígena originarios campesinos.

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Esta historia, en un estilo ligeramente arcaico con matices de tristeza y resignación, es la historia de las palabras moribundas de un anciano líder indígena de Bolivia hacia su gente tras el la brutal conquista Española, en el cual les indica cómo encontrar confort entre el insoportable sufrimiento de sus vidas bajo el control de sus crueles y codiciosos patrones.

Comandante Oficial y reverenciado héroe de la Guerra de Independencia de Chile, ‘Carlos Maria’ O’Carrol era un compatriota inmigrante de Irlanda (luego bajo el mando del Imperio Británico), quien fue ejecutado por el pelotón de ejecución bajo las órdenes del Comandante Real Español Juan Manuel Picó después de la Batalla de Pangal. El texto de arriba es un extracto de “La Guerra A Muerte” el cual fue escrito en el Siglo 19 por el autor Chileno-Irlandés Benjamín Vicuña Mackenna y es un histórica aunque un tanto romántica y dramatizada versión de las ultimas fases de la guerra. Para mas información acerca de Carlos María O’Carrol, la Guerra de Independencia de Chile y la historia regional en general, visite www.ohigginstours.cl.

Sección Cuatro de la nueva constitución de Bolivia delineando de forma formal y en un lenguaje político las provisiones por, derechos y la definición misma de la población indígena de Bolivia.

             Había designado el gobierno de Santiago para mandar esta tropa a un joven oficial llegado de Inglaterra por la vía de Buenos Aires un mes después de la batalla de Maipú. Era aquel el teniente coronel del ejercito inglés don Carlos María O’Carrol, que en siete años de campañas en España i el sur de Francia había alcanzado a la edad  en que para otros comienza la juventud (veinte i seis años) la cruz de Carlos III en el primero de aquellos países, la de la Flor de lis en Francia (15 de noviembre de 1815) i por ultimo el grado de teniente coronel en su propia patria, titulo que rara vez se concede sino a las canas por la antigüedad de los servicios o al dinero por la tonalidad de los rangos militares en aquel país de aristócratas mercaderes.

 

             Inducido por Lord Cochrane i halagado por el nombre de O’Higgins, que era para el joven soldado el de un compatriota, vino a Chile tarde para las campañas en que se cosechaba fácil i rápida gloria. Llegaba después de Maipú como habían llegado Viel i Beauchef después de Chacabuco, por lo que pudo decirse que veía nuestro cielo bajo nuestros cielo bajo funestos augurios. Sin embargo, con un nombre aristocrático, con una figura gallarda i seductora, con las recomendaciones de una elevada posición, el joven soldado no podía menos de encontrar una brillante acojida entre  nosotros. El director O’Higgins, aficionado por gusto i por principios, a ejemplo de su ilustre padre, a los extranjeros que llegaban a este apartado país, lo recibió en efecto con distinción i lo incorporo en nuestro ejercito en el mismo grado que traía de Inglaterra.

 

             Quedo entonces el comandante O’Carrol en actitud de elegir libremente entre la expedición libertadora del Perú, a la que invitaba Cochrane, o el ejército del sur, entonces oscurecido por el brillo de aquella.

 

Extraños misterios de la vida humana! Si O’Carrol hubiera ido con San Martín al Perú, habría sido lo que fue Millar, Brandsen, Brown, O’Connor i otros tantos ilustres jefes extranjeros que conquistaron renombre i fortuna. Pero el destino, o acaso un secreto de corazón, vedado a la historia, le detuvieron en el suelo donde en vez del hogar que soñaba, encontraría aciaga muerte, sacado de su caballo por el lazo de un gaucho, i asesinado por la sentencia de un caudillo oscuro que al matarlo obedecía, empero, a la sentencia de un rei.

SECTION FOUR

RIGHTS OF THE ORIGINAL RURAL INDIGENOUS NATIONS & COMMUNITIES

 

Article 30:

 

I. An original rural indigenous nation and community is any human collective which shares a cultural identity, language, historical tradition, institutions, territory and world view whose existence pre-dates the Spanish colonial invasion.

II. Under the unity of the State and in accordance with this Constitution, the original rural indigenous nations and communities enjoy the following rights:

1. To exist freely.

2. To their cultural identity, religious beliefs, spirituality, practices and own world view.

3. To have the cultural identity of each of their members, should he or she so desire, recorded on their identity cards, passports or other documents alongside their Bolivian citizenship with legal validity.

4. To free determination and territoriality.

5. To their institutions being part of the general structure of the State.

6. To collective entitlement to land and territories.

7. To the protection of their sacred locations.

8. To create and administer their own communication systems, media, and networks.

9. To having their traditional wisdom and knowledge, medicine, languages, rituals, symbols and dress valued, respected, and promoted.

10. To live in a healthy environment, with adequate management and use of their ecosystems.

11. To the collective intellectual ownership of their wisdom, sciences, and knowledge, and likewise to the value, use, promotion and development thereof.

12. To an intracultural, intercultural and multilingual education within the education system as a whole.

13. To a universal and complimentary healthcare system that respects their world view and traditional practices.

14. To the practice of their political, judicial and economic systems in accordance with their world view.

15. To be consulted through appropriate procedures and in particular through their representative institutions, whenever legislative or administrative measures which may affect them are being considered. In this context, the right to mandatory prior consultation, to be carried out by the State in good faith and in mutual agreement, shall be respected and guaranteed regarding the exploitation of non-renewable natural resources in the territory which they inhabit.

16. To participate in the benefits of the exploitation of natural resources in their territories.

17. To the autonomous management of indigenous territories, and exclusive use and exploitation of renewable natural resources within their territories without compromising the rights legitimately acquired by third parties.

18. To participation in State organs and institutions.

 

III.    The State guarantees, respects and protects the rights of the rural indigenous nations and communities as consecrated in this Constitution and by law.

 

Article 31.

I.                   The State guarantees, respects and protects the rights of the original indigenous nations and communities in danger of extinction, in voluntary isolation and those as of yet uncontacted; they shall be protected and respected in their individual and communal ways of life.

II.                The isolated and uncontacted indigenous nations and communities enjoy the right to remain as such, and to the legal delimitation and consolidation of the territory which they occupy and inhabit.

 

Article 32.

 

            The Afro-Bolivian community enjoys all of the same economic, social, political and cultural rights recognised by the Constitution for the original rural indigenous nations and communities which may apply to them.